Kurosawa Daichi (20 años)

Kurosawa (apellido) Daichi (Nombre). Una persona de pocas palabras, muy bueno para cuando tiene que hablar en una exposición o dar su opinión particular en algún tema de mayor importancia o en un fenómeno social.

Vive en un departamento con su hermano mayor, los dos están en la misma Universidad pero diferentes facultades. Su hermano es dos años mayor que él.

No hace ejercicio pero cuando lo hace, se cansa algo rápido, no tiene un cuerpo muy bien trabajado, pero es normal. Aún que le guste usar ropa algo deportiva, casi no hace deporte.

✎Mide: 1.74cm

Tiene el cabello semi corto rubio, Tez blanca, ojos cafeces oscuros y complexión normal.

A pesar de ser alguien de pocas palabras, quiere a sus amigos y los apoya. Hay días entre semana de la tarde que desaparece por el hecho de amar su tiempo solo, y sobre todo, no irse a ninguna parte con música.

Su familia tiene dinero, pero no se lleva muy bien con ellos por el hecho de que no son sus padres, si no, sus tíos de parte de su madre, la cual ella y su padre fallecieron por un accidente de auto que ya asimiló. Puede considerarse que es tan callado y serio por esa situación ya que los perdió de chico.

Considera a su hermano como el único que importa en su familia y como un padre.

✓Calificaciones estables.

✎Gustos:

✓Música.

✓Videojuegos.

✓Ropa holgada y cachuchas.

✓Leer.

✓Ver las noticias.

✓Ramen japonés.

✓Perros.

✓Ropa de color oscuros.

✓Llevarse pesado con su hermano.

✓Sake. (Cerveza originaria de Japón)

✎Disgustos:

✘Ropa ajustada.

✘Gente que llame la atención.

✘Que le acaben su paciencia.

✘No poder ser más sociable.

✘Que lo molesten en su tiempo a solas.

✘Interrupción hacia la música.

Perteneciente del grupo de los retos extremos de Saito Takashi.

✎ A continuacion capítulo 6.

✓ Capítulo 6.- Invitación.

La clase con el nuevo profesor había terminado, había tiempo de ir al baño, comprar una bebida o buscar un libro en la biblioteca que alguien podría necesitar después.

La mayoría de los compañeros de los chicos se retiraban solo unos minutos para poder estirar las piernas o hacer comentarios sobre el nuevo profesor a sus espaldas.

—Iré al baño, ya puedes sentarte con Hiro.

—Jodete.

Saito observaba como su ex compañero de banca bajaba por las escaleras y vio detenidamente cómo Yoshido había observado al profesor con disimulo, después de eso, se retiró del aula.

El chico de cabello negro como el carbón no iba precisamente a cambiarse de banca, lo pensaba con detenimiento pero tomo la decisión de bajar por las escaleras y salir a tomar aire fresco.

No soportaba el hecho de tener que mirar a Daigo, podía ver su teléfono y mirar las redes sociales o podía fingir que se escribía con alguien, pero no, suspiró mientras bajaba por las escaleras y tenía un rostro serio, con indiferencia fingiendo que todo estaba en orden y que no tenía ningún dolor en sus glúteos como en su espalda.

Paso un lado de su profesor que guardaba papeles en su maletín y éste habló. Escuchar su apellido proviniendo de esa voz grave y de quien menos esperaba en estos momentos, lo inquietó y puso nervioso, sobre todo le incomodó, ya que no estaban solos en el salón de clases, aún había alumnos y sobre todo estaba Hiro y Daichi, precenciarian la escena donde el nuevo profesor estaría hablando con él.

—Joven Saito.

Volteó lentamente y no dudo en acercarse al escritorio, lo que tenía que decirle tenía que ser casi susurrante, pues el miedo de Saito era demasiado fuerte de que dijera una estupidez.

—¿Que creés que estás haciendo?—Dijo en susurro, mientras su cabeza estaba algo ladeada mostrando unos ojos intimidantes con el ceño fruncido —.

—¿No puedo hablarle a algunos de mis alumnos?—Correspondió igualmente con un susurro.—Es más, si seguimos hablando como si tuviéramos algo entre manos levantaras sospechas de que tenemos algo entre nosotros.

—Qué estupidez... muy bien—Menciono las dos últimas palabras en modo susurro.—Digame profesor, ¿En qué puedo ayudarlo?—Fingió una sonrisa y una expresión fingida de amabilidad—.

—Mejor.—Mostro una sonrisa sin mostrar los dientes y se lamió un poco los labios, a continuación dijo.—Sal conmigo.

—¿Qué... que estas diciendo?—Acerco más su cabeza hacia él, ya que el mismo no creía lo que había escuchado, y había pronunciado su pregunta en susurro—.

—Lo que escuchaste.

No pasó mucho tiempo que las mejillas rojizas no dudaron en salir, le estaba haciendo pasar un mal rato, y no creía que nadie lo estaba mirando, al contrario, tenía miradas encima preguntándose "¿Que le estará diciendo el nuevo profesor a Saito?".

—¿Te refieres a una cita?

No dijo una palabra, solo asintió con una sonrisa leve y sus ojos se postraban en Saito, demasiado incómodo al parecer de él.

Para Saito fue una respuesta suficiente, lo cual, éste negó.

—Déjame en paz.

La conversación susurrante, incomoda, y sobre todo personas entrometidas que miraban la escena había finalizado. El chico de cabello negro y piel blanca como la nieve, había salido del aula, Daigo en cualquier momento saldría e iría a su próxima clase dándole la impresión a otros que sería su nuevo profesor. Ya Saito se llevó la sorpresa, alguien más la tendría y se llevaría una impresión del que el nuevo maestro es jodidamente atractivo, sobre todo para las mujeres.

Saito se encontraba en el baño, frotaba su cara con sus manos con agua realmente fría, él quería despertar de lo que él creía una pesadilla, una pesadilla donde ahora le teme a ese hombre. Él tenía muchas ideas en la cabeza, una de ellas era, que si el profesor nuevamente lo tocaba, caería rendido. Le tenía miedo, pero no quedaba de otra que hacerse el rudo y ser grosero con él. Seria rebelde con él si llegara a pasar algo estupido en medio de la clase, o de la universidad.

Movió su cabeza y se miró el rostro teniendo las puntas de su cabello empapado de agua. Sus ojos grises oscuros solo miraban su rostro, pensando en ese hombre, y en lo que él había hecho en la mañana, sí ya no era virgen por su ****, tampoco ya lo era por su trasero.

—Deja de pensar en él.—Se dijo así mismo murmurando—.

Era raro encontrar el baño solo, pero, tiene sentido, hay demasiados baños en la universidad y Saito escogió el más cercano de su aula.

Era hora de regresar, necesitaba distracción, y llegar a su casa con otros pensamientos y sobre todo positivos.

✎      ✎      ✎     ✎

—¿Que quería el profesor?.—Dijo Hiro rápidamente una vez que se sentó Saito a lado de él—.

—Ah...—No sabia que decir, pero una idea le llegó a la cabeza aún que no sonaría tan convincente.—Me dio una advertencia por haber llegado tarde.

—Oh, ya veo.

—¿Qué acaso eres tonto?—Menciono Daichi estado recargando sus antebrazos en la mesa de la banca de arriba—.

Él había escuchado la conversación de estos dos, sobre todo observaba a Hiro con un rostro de extrañeza haciendo gestos de que no comprendía como Hiro no sabía dado cuenta, claro... era muy despistado.

—¿Qué?

Saito sabía a lo que se refería, Daichi lo notó, sabía perfectamente que lo había reconocido en cuanto entró por aquella puerta, tenía que soportar como Daichi iba a mencionar a ese sujeto, y sobre todo, como Daichi si lo reconoció y le preguntaría que haría ante esa situación.

—Hiro, nuestro nuevo profesor es el señor al cual Saito beso.

Las mejillas sonrojadas y la incomodidad habrumo al chico de cabello negro como el carbón.

Daichi trató de no decirlo en voz alta, solo quedando entre la atmósfera de los tres.

—Wow, ¿en serio es él?, no lo note.

—Si, es él...¿Qué te dijo cuando te hablo?

El chico de cabello rubio semi corto, no había creído las palabras de Saito cuando dijo que solo según mente le había dando una "advertencia". Era obvio que él iba insistir que dijo eso.

—Solo fue eso, una advertencia.

—Tiene que ver algo más.—Menciono Hiro—.

—Nada, solo dijo que no dijera nada y que olvidara lo que sucedió.

Mentira.

—Bien, que sujeto agradable que no te haya metido en problemas—Dijo Daichi—.

—Sí.

La siguiente clase había comenzado, no había rastro de Yoshido, siempre llegaba tarde en cualquier clase. Era extraño ya que había mencionado que iría al sanitario, y Saito no lo encontró ahí, a menos de que haya ido a uno más lejano para hacer tiempo.

Todos guardaron asiento, en cuanto el profesor entró, faltaba poco para salir de clases e ir cada quien a sus respectivas casas o trabajos o alguna actividad que ya tienen planeada hacer después de la escuela.

Yoshido entró.

✎      ✎      ✎     ✎

—Nos vemos mañana, ¡hablemos en Line por la tarea!—Grito Yoshido a lo lejos de los tres que lo observaban—.

—Bien, nos vemos mañana.

Daichi fue el siguiente en irse, colocó sus auriculares ya algunos metros a lejados de los chicos y comenzó a caminar.

—Bueno, también me voy, debo darme prisa llegar a casa para cuidar a Emi.—Dijo Hiro dándole un pequeño golpe en el hombro al mayor.—Nos vemos.—Se alejo algunos metros de Saito y éste le sonrió alzando su mano despidiéndose—.

La hora para Saito de ir a casa es ahora, antes de poder cruzar la calle una moto se le puso en frente lo cual no le impresionó en absoluto porque podía reconocer esa moto a lo lejos y en cualquier parte, sobre todo en el casco que usaba el piloto y el grabado que contenía el casco.

—Buen intento Naoki.

Se quitó el casco y dejó lucir su cabello con un ligero movimiento de cabeza, colocó su casco en su muslo mientras en ella estaba recargada sus dos manos y sonrió.

—¿Qué? ¿No lo logré?

—No viejo, y deberías dejar eso para tus conquistas.

—No lo había pensado, lo a notare en mi lista de como ligar.

—Sísí, muy divertido.—Rodeó los ojos y no pudo evitar dar una pequeña risa, lo cual de inmediato desapareció al recordar tener los pies en la tierra por el "inesperado" encuentro.—¿Qué haces aquí?, ¿No deberías ya estar en tu casa?—Cuestiono—.

—Ah, sí, quería invitarte a comer, mi mamá pregunta mucho por ti.

La madre de Naoki para Saito, es como otra madre, una buena mujer que a pasado por muchas cosas, con un hijo maravilloso al cual ella esta muy orgullosa, siempre habla maravillas de él, y cada vez que va a casa de Naoki, siempre ella tiene algo nuevo que contar. Había reuniones entre madres de ellos, pero la madre de Saito trabaja más ahora que antes, es una Chef en uno de los restaurantes más importantes y famosos de Tokyo, a Saito jamas le a faltado nada, siempre a tenido lo que sus padres le podían dar a lo que fuera por su alcance.

—Bueno... tiene mucho que no la veo pero...—Se quedo callado al recordar las tareas que habían encargado, no iba a tener mucho tiempo si también quería por lo menos disfrutar de un tiempo a solas en su departamento—.

Los sonidos de los autos en las calles, buses, y los alumnos de la universidad pasando detrás de ellos era en el ambiente en donde se encontraban, no había cruzado tan siquiera la calle y el sujeto con cabello semi largo de color café claro, le había impedido el paso para una comida con su madre.

—Oye, si no puedes solo dímelo, puede ser otro día.

—Gracias viejo, tengo un nuevo profesor y dejo una tarea que no puedo quedar mal.

—Relajate, nos vemos mañana.

El menor asintió y el mayor nuevamente se puso el casco, y dio una última mirada a Saito lo cual el menor también lo miraba con una leve sonrisa algo fingida mientras alzaba la mano viendo como se alejaba Naoki de él haciendo ruido con su moto, siendo que la vista del menor lo allá perdido entre los autos y edificios.

El menor suspiró.

✎     ✎      ✎      ✎

La hora pico del tren era agotador, pero no más agotador tener que juntar el cuerpo con personas desconocidas. Saito ya habia pasado por eso y la costumbre hizo que no tuviera más quejas sobre el respecto de tener que viajar por ese medio de transporte más fácil y económico.

Estaba el menor enfrente de la puerta buscando la tarjeta de su departamento, su mochila era un caos y sobre todo no le ayudaba del todo que Kiku hiciera ruido, molestaría a los vecinos.

Encontrando la tarjeta la deslizó, y agarró la bolsa de mercancía que estaba en el piso, necesitaba comida para Kiku antes de que se acabara la otra bolsa.

—Hola nena, ¿me extrañaste?

No evito sonreír al ser recibido por ella, tan peluda y blanca con manchas negras, un pastor de las islas shetland, es una raza de perro no tan extraña pero no era difícil de poder conseguir en las tiendas de mascotas.

Kiku daba vueltas y sacaba la lengua sabiendo lo que tenía Saito en aquella bolsa, era obvio que lo sabría si son sus croquetas favoritas, pero también contenía la bolsa papas fritas y una carne para hacer después, ahora estaba agotado.

Hoy no fue mi día.

Claro que no lo era, estaba pesado, estaba agotado, y más que nada adolorido del cuerpo.

Dio de comer a Kiku en su sartén de plata y ella no dudó en devorar la comida dejando migajas fuera del plato.

El menor sonrió levemente al verla y suspiró, clavando su trasero en el al cochonado sofá, clavaba sus codos arriba de sus rodillas y con sus manos cubría su cabeza como si fuese a explotar.

Pudo recordar aquel momento del beso, el beso dentro de la universidad y del propio salón, tan solo recordarlo lo ruborizo, estaba lleno de emociones, enojo, confusión, y sus latidos aumento al recordar aquella escena y el pánico que le recorría en ese momento por temor hacer encontrados.

Los pensamientos de Saito eran constantes, "¿Que quería ese sujeto?" y sobre todo,¿A costo de que?, ¿Es un castigo?"

Las preguntas, las respuestas eran prácticamente "Sí" es un castigo por tal humillación y por tal vergüenza que le hizo pasar a Daigo Kenta, o es lo que Saito se creía.

Levanto su cuerpo cuando recordó la conversación de Naoki, y cuando se tocó el cuello, se fue disparando de la sala para recurrir al baño, no dudo en quitarse el suéter y la playera.

Su cuerpo delgado y su piel blanca como la nieve, hacia conjunto de unos chupetones rojos, estaba petrificado al ver su espalda y su abdomen y el cuello, ser parte de unos chupones que aquel hombre le había hecho.

Los chupetones obviamente resaltaban por su blanquez, sus latidos eran más rápidos, al recordar aquellas escenas en la cama con Daigo, con su profesor nuevo, con la persona que se acostó.

Recordar como gemía para él, como se volvía loco, como deseaba más, lo estaba recordando todo, al ver esto.

Unos chupetones.

Hijo de ****.

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